Desde la última fila

WhatsApp Image 2018-08-25 at 20.40.02VOLVER es distinto a venir por primera vez… pero tengo que decir que es ¡todavía mejor! porque es como si algo por dentro encajara. Como si las intuiciones que inquietaban mi corazón a la vuelta, aquella vez, encontraran ahora respuesta serena y confiada. Y es que para mí es innegociable y estoy convencida de que el mundo solo se entiende desde los lugares últimos. Quien vive siempre en la primera fila, no se entera de nada de lo que pasa en la sala. En cambio desde la última fila se tiene otra perspectiva, uno se entera de todo; aunque vea peor el “espectáculo”. Éstos últimos no cuentan, pasan desapercibido para las cámaras, llenan el espacio pero no son conocidos por sus nombres, ni parecen ser gente importante. A ellos no les conoce nadie, sin embargo ellos si conocen a todos, aunque siempre los vean de espaldas. Y es que el mundo visto desde aquí, el corazón de América me parece eso… un teatro desde donde miro al mundo sentada en la última fila. A veces siento que me gusta sentarme aquí porque es todo mucho más sencillo, mucho más humano. Pero otras veces ¡me indigno! Y me pregunto en qué momento rediseñamos así el mundo. Hace tiempo que sabemos que la tierra es redonda por lo tanto no entiendo porque tiene que haber primeras y últimas filas ¡y además con las sillas atadas al suelo! Sin posibilidad de movimiento…  Sueño con un mundo donde las sillas se puedan mover y nos den la posibilidad de sentarnos en círculo. Sueño con un mundo donde todos tengamos las mismas oportunidades, donde nos miremos a la cara, nos reconozcamos y estemos todos a la misma distancia del centro. Así siento que lo sueña Dios, y así quiero que sea y no voy a invertir tiempo, ni energía, ¡no voy a gastar mi vida en nada que no apunte en esa dirección! Eso es lo único que tengo claro, cuando solo me quedan unas horas para partir de Ayolas y apenas tres días para volver a España.

Mi lugar es el mundo y mi vocación querer mucho a la gente… especialmente a los que la sociedad ha obligado a sentarse en las últimas filas. Quererlos a ellos, pero no querer que permanezcan siempre ahí sino quererlos para que crean que pueden redecorar el espacio y sentarse donde les plazca porque ¡todos tenemos derecho! Y para eso… no hay arma más poderosa que la educación. Estos dos meses trabajando codo a codo con las profes del pre-escolar Madre Celia, en el Barrio de Las Mercedes, en San Isidro… me devuelven la confianza en que merece la pena ser creativos en educación, porque solo despertando el pensamiento adormecido de aquellos que han sido relegados a la última fila tendremos un mundo distinto… MAÑANA. Y cuando miro el sol siento que Dios… ¡está de nuestra parte! ¿no te parece?

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