No es una despedida, RECIEN COMIENZA

Último día en la realidad habitada durante casi dos meses, donde he encontrado el amor en su vertiente más grande, la de amar al prójimo, al hermano, como a ti mismo. Y es que no sabía dónde iba hasta que llegué, un pueblo situado a seis horas de la capital, donde el amor lleva un ritmo diferente; Ayolas ha sido una muestra enérgica del mandamiento nuevo, ejemplo de Iglesia viva, de pensar en el otro, de acogida y de entrega por parte de su gente.

Nuestra experiencia comenzaba con la visita a Estero Bellaco, un conjunto de casas equidistantes a unos dos/tres kilómetros unas de otras, donde no llega casi nadie por las dificultades para acceder, y durante nuestra experiencia allí nos sorprendió el abrazo cariñoso de quien cada día nos recibía, la espera de quien aguardaba nuestra llegada, la ofrenda de quien lo daba todo sin apenas tener nada; todo rodeado de una naturaleza salvaje que reflejaba el sol en el agua estancada de los esteros, ¡cuánta grandeza reservada a quienes nadie reserva nada! Fue en estos primeros días donde empecé a entender el porqué de esta experiencia, porque te vi Señor y me rompiste por dentro, te vi Señor y me emocionaste, te vi tan cerca que me dio un vuelco el corazón.

Tras Estero Bellaco, emprendimos la misión que realizaríamos durante el resto del tiempo en Ayolas, refuerzo escolar para los niños de los barrios de San Rafael, San Isidro y Lima. Allí nos encontramos con que hay manos que hablan por sí solas, hay sonrisas escondidas que aceleran el corazón, hay miradas que dicen todo y silencios que gritan a toda voz. Hay frases que cobran sentido aquí y que son limitadas por tanto usarlas, porque los abrazos no abarcan ciudades, si no vidas. Hay pequeños que se hacen grandes y grandes que soñarían con no haber dejado de ser pequeños. Hay heridas en la piel y cicatrices en el corazón. Hay amor hasta el extremo, que no se desgasta de dar. Hay cabezas que buscan posarse en tus brazos y oídos que no quieren dejar de escuchar. Hay tanto por descubrir, que ojalá siempre estemos llamados a más. ¡Que el mundo nunca se les quede pequeño, que el mundo nunca se les quede grande!

Pero en nuestra misión no estábamos solos, nos han acompañado los jóvenes que conviven con las hermanas recibiendo grupo, formando parte de la infancia misionera o simplemente pasándose a visitar su casa; jóvenes que nos han hecho admirar su naturalidad de vivir la vida, su forma de disfrutar y tratar al otro como hermano, que para disfrutar de la vida no se necesitan grandes cosas y que la sonrisa siempre hay que llevarla por bandera. En Ayolas he descubierto que hay sonrisas que mueven el mundo y lo ponen patas arriba; han sido en ellas donde me sorprendía y encontraba al Señor, han sido esas sonrisas las que me hablaban de Él.

A medida que avanzaba el tiempo fui descubriendo que el tú y el yo acá no existen, que siempre es un nosotros compartido y que no hay un día que sea un día más, que el ritmo paraguayo te hace olvidarte de la rutina y disfrutar de los encuentros, encuentros de un Dios vivo, que se hace presente en las personas, gracias a ese ritmo encontraba al Señor, porque olvidaba las prisas de la vida a las que estamos tan acostumbrados, porque me descentré de la rutina. Y desde aquí, desde este buscar y encontrar, me surgía cada día más adentrarme en la realidad de quienes encontrábamos en el camino, hacer de mi actitud la de uno más de ellos. Hablar a cada uno en su parábola personal, intentar tratar al otro como el Señor lo trataría.

Antes de que te des cuenta has llegado al ecuador de esta experiencia y en un abrir y cerrar de ojos te encuentras en los últimos días, y agradeces la vida generada y cuidada por las hermanas, la vida activa de la congregación en Ayolas, pues las hermanas están siempre disponibles, sea el momento que sea, para el encuentro personal con quién viene a buscarlas. ¡Queda tanto por aprender, tanto por descubrir, tanto por disfrutar, tanto por escuchar, tanto por desear, tanto por amar!

Hay quienes decían que el silencio vuelve a Ayolas con nuestra partida, pero la verdad, que este lugar nunca ha sido silencioso, este lugar no se queda en silencio, porque quienes han dado la vida por generar vida durante nuestro verano siguen allí, porque quienes mantienen la ilusión y la esperanza, siguen allí, los que confían plenamente en el Señor, siguen allí, y ellos son los jóvenes, las hermanas y los niños. Ayolas no se queda en silencio; Ayolas grita y celebra la vida cada día.

Gracias Señor porque me llamaste, me soñaste aquí y me diste la oportunidad de venir, porque he podido entender que es en la desinstalación de lo conocido donde se posibilita la fecundidad del milagro, ahora toca volver y hacer de este milagro vivido sabia nueva que construya. Durante los últimos días se me repetían un par de preguntas ¿y ahora?, ¿después de todo lo vivido, qué obras grandes tienes pensadas hacer con esto?

En nuestro último día, un joven me dijo que esto no era una despedida, que esto recién comienza; y es verdad, las semillas que se han podido plantar, dándonos o no  cuenta de ello, comienza a crecer, y a todo lo vivido podemos ayudarlo a fecundar porque ha caído en tierra fértil o quedarnos entre rocas; transformando el corazón a entender, descubrir y conocer que la realidad de otros, es la realidad de todos.

En la belleza de lo sencillo, de lo humilde, de lo que llena de vida, me maravillo y me quedo en saber que es Dios quien grita desde el corazón que se puede vivir del amor, y sin duda ahora es lo que más me resuena adentro que el amor mueve al amor y que este mundo necesita dejar de buscarse a sí mismo para encontrarle a Él y así entender que la vida no entiende fronteras, ni de kilómetros, ni de diferencias, ni de culturas; la vida entiende de AMOR.

Gracias a quienes han hecho posible esta experiencia. Gracias por la acogida, por hacer de Ayolas mi hogar. Gracias a quién toca con ternura mi vida. Gracias también a ti, que has decidido dedicar tu tiempo a leer esta crónica que intenta reflejar, aunque es difícil poner palabras, lo que por dentro he vivido.

Che mandu’ata nde rehe tapiate

Te recordaré siempre

Pedro Antonio García Torrús

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2 comentarios en “No es una despedida, RECIEN COMIENZA

  1. Pedro he leído tu crónica y la verdad, que me deja llena de gozo, al ver la experiencia extraordinaria de tu ser… en medio de ese Ayolas tan querido por todos..
    Me alegro de lo pequeño, que se hace grande. Celia Méndez, siempre nos decía. : Quiero que mis hijas sean extraordinarias en lo ordinario” Y ahí estamos intentando… cada día.. vivirlo.
    Mucho ánimo, y ya de vuelta, a vivir-lo en tu realidad.. Y que nunca olvides, esta experiencia de vida.. y del Señor, sobre todo.
    Un gran abrazo. lola

  2. Impresionante el testimonio y lo que llega al fondo del alma.
    Benditos los que han vívido esa experiencia y la han metido dentro del corazón…
    Qué bien hacen al llegar dentro del corazón.
    Nosotros tanto, y muchos nada.
    Que Dios perdone nuestra abundancia y nos ayude a compartir con los que no tienen ” nada “.

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