“DEJÁNDONOS HACER”

Llegamos a un Paraguay frío, llenos de maletas cargadas de energía, ilusión e incertidumbre.

La Comunidad de Asunción, Lola, Nati y Susi,  son el reflejo de la frase que cobija su casa y que muchos hemos acostumbrado a leer desde pequeños, “Servir  es Reinar”.

Paseamos por el Bañado Norte, un barrio situado a orillas del río Paraguay, a apenas 7 kilómetros del centro de la ciudad 19.000 familias luchan contra las consecuencias de las inundaciones de los pasados dos años.

La primera toma de contacto con la realidad, muy parecida a una bofetada, nos ayuda a poner nombre propio a todas esas historias: casas de chapa, pies sin zapatos, calles sin nombre, horizontes de basura… ¿qué hacemos aquí? ¿quiénes somos? ¿por qué? ¿cómo estar entre ellos? ¿qué decir? ¿y si no podemos? ¿qué hacer? ¿qué no hacer?

Con el paso de los días aprendemos que los ladrillos, los zapatos o las calles no son tan importantes, que lo bonito está en los abrazos que quitan el frio, en las miradas limpias, en los pies dispuestos a avanzar.

Es difícil expresar todo lo que pasa, contar cómo estamos o lo que sentimos. Aquí todo funciona a otro ritmo, un ritmo que se contagia, que prioriza al otro ante el reloj, que sabe encontrar lo bonito en lo pequeño, ¡tenemos tanto que aprender!

¿Se puede dar sin tener nada? Vamos haciendo la experiencia de que es posible; en medio de la pobreza descubrimos gestos de cuidado, generosidad y cariño de verdad. ¿No es eso todo?

Es curioso que en medio de lo que hacemos, apoyo a las profesoras de la escuelita y refuerzo educativo a los niños del barrio, somos nosotros los que aprendemos y empezamos a formar parte de muchas historias, a sentirnos dentro de las vidas de los niños e incluso a enfadarnos ante las sinrazones de todo lo que nos rodea.

Los primeros días teníamos prisa porque aprendieran a leer, multiplicar o sumar fracciones; ahora ellos nos van transformando, priorizando el valor del silencio, la espera, la escucha, del saber acompañar y del estar aquí y ahora.

Nos ayuda compartir en comunidad todo lo que vamos sintiendo, lo que vamos pensando, y de fondo todos nos expresamos desde el agradecimiento, el amor y la confusión. Sentimientos que llevamos a la oración.  Las hermanas y la experiencia nos ayudan a ir construyendo nuestra comunidad al estilo de Jesús.

No nos faltan risas, anécdotas para el recuerdo, líos en el cambio del Guaraní al Euro, problemas culinarios que se resuelven con cebolla, sal y mucho humor y amor.

Y sí, ya han pasado veintiún días y la idea de volver empieza a darnos miedo, es poco el tiempo que podemos darles para todo lo que nos regalan, pero… “no os preocupéis por el mañana”.

Comunidad de Asunción.

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