“Cuando los regalos no se abren”

cartelHace unos días fue el cumpleaños de la esposa del conserje de la escuela. Es una chica de apenas 21 años que trabaja como costurera y tiene una hija de tres años. He de señalar que la pequeña es mi mejor amiga aquí en Ecuador, y eso es posiblemente porque cada mañana sale en mi búsqueda cuando llego y a quien he enseñado a dar besos de los que suenan, porque los que suponen simplemente rozar las mejillas nunca me han generado mucha confianza, todo sea dicho. Y si la amistad no se basa en dar besos de verdad y en salir al encuentro cada día, vosotros me diréis entonces en qué.

El caso es que dado que era el cumpleaños de la mamá de mi mejor amiga, decidí comprarle un detalle. Mi sorpresa llegó cuando al dárselo ni siquiera lo abrió. Lo cogió, me dio las gracias con la mejor de sus sonrisas y ahí quedó todo. Después me enteré que aquí no abren los regalos en presencia de quien los realiza. Se guardan y después, en privado se abren. Será porque el disimulo no es su fuerte y prefieren evitar un mal gesto si no les gusta.

retiroCuento todo esto porque me ha hecho pensar en el número de regalos que se nos presentan cada día y que no abrimos. Dedicamos una sonrisa y hasta ahí. Y lo digo porque desde que llegué la vida se me presenta como pura novedad a cada momento; novedad que me llena de asombro, tanto para lo bueno como para lo que no lo es tanto. Situaciones que se presentan dentro de la rutina, como algo cotidiano, y que desde la costumbre se vuelven obsequios que dejamos de percibir una y otra vez.

  • Que alguien, a quien acabas de conocer en la estación del bus, te ofrezca su número de teléfono por si alguna vez necesitas algo, porque ella también se supo sola en una ocasión.
  • Que una niña te comparta su bocadillo a la hora del receso, y que sentarte con ella en el suelo sea la mejor quedada desde hace meses.
  • Cuando descubres que hay abrazos que curan casi cualquier herida.
  • Que alguien te pregunte, ¿ya te sabes todos los nombres? Y tú digas orgullosa Sí, sin que nadie sepa lo que eso te ha supuesto.
  • Descubrir que donde hay Amor hay Familia, independientemente de quienes las conformen.
  • Que la empatía se practica mejor cuando caminas entre escombros con una niña de 12 años para llegar a su casa y pedir si es posible que Xiomara no llegue atrasada a diario.
  • Que de regreso, sola, sepas lo que acabas de pedir y lo que ella hace cada día.
  • Que un cumpleaños, en un patio sencillo con gente que lo ha perdido casi todo, se te presente como lo más parecido al Reino.

Y es que el tiempo, cuando se habita de verdad, hace que pongas más atención a los regalos de cada día, y te empuja a que intentes por todos los medios no dejar ninguno sin abrir.

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