¿Y a esto me apunté yo?

img-20161112-wa0006Hace ya dos meses que llegué a Ecuador y muchas han sido las situaciones que han ocurrido en todos estos días y semanas. La otra tarde pensaba que si ésta hubiese sido una experiencia de verano ya me tendría que volver, y yo, que siento que recién comienzo a enterarme de ciertas cosas.

Durante este tiempo se han ido conmemorando los meses desde que ocurriera el terremoto, que ya son siete. Conversaciones donde se sigue recordando dónde estaba cada uno cuando el suelo comenzó a moverse como si de agua se tratase.

En las misas en las que se tienen presentes a las personas que perdieron la vida, así como a las que intentan seguir a pesar de las pérdidas personales y materiales, se han ido a su vez realizando colectas para ayudar al pueblo de Haití que de nuevo vuelve a ser víctima de un desastre natural, así como para las misiones que en tantas partes del mundo siguen siendo motivo de esperanza.20161115_164253

Me conmueve comprobar cómo aquellos que aún siguen necesitando y recibiendo ayuda exterior, hacen un gran esfuerzo por ayudar a otros que viven de manera continuada otros tipos de tragedias.

Y poco a poco voy haciendo de esta realidad la mía propia. He aprendido que hay palabras y frases que, aún siendo castellano, no tienen nada que ver entre los de aquí y allí; que los mosquitos no dan tregua y que el repelente se ha convertido en mi mejor aliado. He descubierto lo que es el cilantro y lo poco que me gusta, y que es posible reírse todos los días. He comprendido eso de que a cada día le basta su propio afán, y que es en lo cotidiano donde se realizan las grandes apuestas.

Desde dar clases de matemáticas, sacar agua de una acequia, dormir literalmente en el suelo cuando vas de acampada, hasta saber que a las 5.45 de la mañana es posible levantarse a diario sin morir en el intento. Y entre nosotros, ahora que nadie nos ve, prefiero sacar agua con un cubo que convencer a un niño sobre lo importante que es la apotema de un polígono regular para su existencia y desarrollo como ser humano.

Ante todo, una vez pregunté ¿Y a esto me apunté yo? pues parece que sí; parece que uno se apunta a perderse ante el dolor ajeno, a experimentar eso de que existen miles de formas de ver, sentir, experimentar y reproducir lo que la vida significa para cada uno. Te apuntas a saber que la zona de confort nada tiene que ver con las comodidades externas sino internas y a que a los encuentros que no te transforman la mirada, les falta un poquito de atención.

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